No duermes, Patria; vigilas como una madre que cuida al hijo enfermo,
al hijo atormentado. Escuchas, atenta, hasta el mas pequeño ruido de
la hojarasca; te quedas expectante cuando el grillo se calla; cubres
la luz con tu mano cuando sientes paso junto a la ventan. No duermes,
Patria, porque hay merodeadores implacables y malhechores sigilosos.
Y tú sola, Patria, tienes que cuidar el hogar, lo hijos y el
granero. Guardas un arcabuz del tiempo de los Próceres; pero tu
verdadera fuerza está en la capacidad infinita de mantenerte
despierta, por meses, por años, por decenios.
En esta emergencia, hace ya dos decenios que velas. Una fatiga leve
se dibuja en tus ojos; una quietud profunda hace temblar tus manos,
con pulso casi imperceptible. Pero mientras dure la noche, tu no
duermes, Patria Madre, porque tienes que cuidar a l hijo enfermo, al
hijo atormentado.
David
Escobar Galindo 10 de enero 1990
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