Los sueños son confusos, aunque en ocasiones parezcan más claros
que la misma realidad de la vigilia. Los sueños no son
premoniciones, ni desahogo psíquicos, ni animación de frustraciones
o deseos. Los sueños son la manera rudimentaria de entrenarse para
sobrevivir, en un mundo donde todo será tangible, inconexo,
expectante. Los sueños son un borroso aprendizaje delo que será ese
período en que estaremos esperando antes de volver a ejercer la
conciencia plena. Los sueños son un anticipo de esa etapa que
llamamos muerte, y que tendrá todo, menos descanso, menos quietud.
La única quietud posible es el fruto de la conciencia. La muerte -el
último sueño de la vida- es el período de la inquietud, del
tránsito, de la ceguera intermitente del relámpago.
Afortunadamente, todo sueño tiene que despertar. ¡Despertaremos
llorando, con la conciencia magullada y atónita, para rehacer el
milagro sensible de la vida!
David
Escobar Galindo 03 de enero 1990
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