viernes, 25 de marzo de 2016

PARÁBOLA DEL INSTINTO


El copero se ha acercado a ti, que eres la doncella más hermosa de la fiesta, y has dicho algo que, desde luego, no alcanzo a oír. El copero se aleja, para continuar con el servicio. Yo sigo saludando y conversando, pero te busco a cada instante con los ojos, y tú te desplazas por todos los rincones, sonriente, rubia, sonrosada, en incansable animación.
No sé cuánto tiempo ha pasado. Una ligera angustia se apodera de mi. Entonces cuando se aproxima el copero, y me ofrece esa sola copa, cuyo contenido brilla como la turquesa. Yo sin la menor vacilación, lo escancio de un sorbo. Y el escenario cambio de inmediato: ya no esta ahí la fiesta, ni la gente, ni el copero. Solo tú(vos) y yo. Y al llegar a tu lado, descubro que el color de tus ojos es el mismo del néctar que el copero me ofreció, y que yo bebí como un alucinado feliz.
David Escobar Galindo 14 de febrero 1990

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