La ventana abierta da a un camino vacío. Fue camino real en otro
tiempo, senda poblada por el bullicio de las gente. Hoy las gentes
van, de prisa, por otras rutas. Este camino lateral está
permanentemente solitario; las hierbas lo han invadido, pero son
frágiles hierbas rastreras, por que la tierra quedó dura y seca
después de millones de pasos. La ventana, abierta, da sobre ese
camino, y espera.
¿Cómo
es posible que una ventana tenga la capacidad de esperar?, me dirán.
Y yo les responderé: la ventana es de la casa, y la casa tiene calor
familiar, animación, permanencia, la vida propia.
Por eso la ventana abierta sobre un camino vacío de seguro siente y
sufre: y si ponen atención acaso podrán oír cómo el aire que pasa
se lleva un gemido.
David
Escobar Galindo 19 de diciembre de 1989
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