domingo, 20 de marzo de 2016

EL FILÓSOFO


El filósofo está sentado a su escritorio, con los codos sobre la madera pulida y a la cabeza entre las manos inmóviles. Lee un enorme libro de caracteres antiguos. Por la ventana abierta entra la brisa de la tarde, y revuelve suavemente los cabellos entrecanos del filósofo, que no parece ni siquiera respirar de lo concentrado que está.
Una mariposa penetra por la ventana, y va a posarse como un capitular, sobre un extremo izquierdo de la página. El filósofo sigue leyendo, embebido. Recorre quizá, letra a letra, gota a gota, algún pasaje intrincado sobre el enigma de la vida, sobre su fragilidad, sobre su fugacidad extraña y aterradora. El filósofo, impávido recorre los renglones, yendo y viniendo por el carril de las ideas ordenadas. La mariposa sigue ahí, palpitante, inocente. De pronto, en un movimiento maquinal, el filósofo da vuelta a la gruesa página, y la mariposa queda atrapada para siempre en el misterio de la sabiduría eterna.
David Escobar Galindo 25 de enero 1990

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