Nuestra
cultura mestiza tiene tres afluentes: el alma indígena, el
pensamiento griego, el espíritu cristiano. La magia de la tradición
invisible pugna en nosotros con la fresca lógica que busca ordenarlo
todo, y ambas parecen vivir en perpetua tensión con esa forma de
trascendencia en que mezclan el amor y el misterio revelado. Entre
Quetzalcóatl y Cristo, crepita la hoguera filosófica, que no nos
deja dormir. Estando tan henchidos de contradicciones, ¿podemos
aspirar al equilibrio?
Es
dudoso, dice el indígena reservado que soy. Por supuesto, dice el
griego cuestionador que soy. Siempre y cuando, dice el cristiano
atormentado que so. Y ese mismo yo que soy, espejo de tres caras,
descubre que pronto que sólo si logramos un triple alianza, un
concordato sin vencedores ni vencidos, una trilogía de luces
armoniosas, podremos aspirar a feliz encuentro de la plenitud
histórica.
David
Escobar Galindo 16 de febrero 1990
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