martes, 29 de marzo de 2016

ELOGIO A LA TOLERANCIA


En los tiempos de crisis profunda, la tolerancia no solo es virtud, sino sacrificio. Cuando la histeria de los enemigos crepita alrededor, una palabra suave y un gesto benévolo son verdaderos signos de poder, las efectivas expresiones de la entereza del alma. Lo fácil, lo espontáneo, lo inmediato, es el desahogo borbollante de las pasiones. Lo difícil, lo macerado, lo visionario, es el estudio interior de las reacciones, el cultivo de la palabra que no lástima, la elaboración espiritual del ademán sereno que concilia. ¿Quién puede alcanzar la clave de esta madurez? Cualquiera que se lo proponga, y cincele día a día el mármol en bruto de la conciencia. No es cuestión de elegidos ni privilegiados; es cuestión de seres que trabajan en el misterio transparente de su propia perfección.
La tolerancia es una grave y tenue luz, que nunca deslumbra pero siempre conforta. Los grandes espíritus y los grandes pueblos se convierten, por mutación natural, en jardines de la tolerancia. Y en la entrada de cada uno de esos jardines hay una leyenda, en letras de oro antiguo: “Ceder es debilidad; conceder es fortaleza”
David Escobar Galindo 29 de marzo 1990

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