miércoles, 2 de marzo de 2016

LA DOBLE MISIÓN


Tienes que hacerte a tí mismo la promesa de renacer. La forma no importa, el tiempo no importa, la dimensión no importa: tu promesa de renacer es necesaria para que puedas vivir hoy; para que el hoy te resulte una inversión segura y perdurable. No es preciso para eso que te afilies a una determinada fé. Ni siquiera es necesario que participe Dios como testigo en este pacto contigo mismo. El, si no le llamas a la mesa de tu pacto, sonreíra de todos modos, sentado en algunas de las rocas azules que delimitan tu memoria. La promesa de renacer es privilegio y esperanza puramente tuyos. La razón mas firme y suave de tu afán de vivir está en esa promesa.
Porque si te abandonas a los escasos días que hoy posees, sin dejar una carta de compromiso con la luz, guardada en el armario; si dejas que la corriente del acaecer te vaya llevando, sin dibujar en tu cuaderno la ruta de la espuma; si así lo permites, la sordera del interior de irá volviendo un cuerpo hueco, una vasija llena paísajes borrados, un fugaz ejercicio matinal en el gimnasio de la nada. En cambio, si te prometes a tí mismo renacer, tendrás seguro al menos el fervoroso y nutritivo beneficio de la esperanza.
Sacado del "El Libro Blanco"
David Escobar Galindo 08/ de noviembre de 1989

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