Durante años, has sentido dentro de ti un mensaje que aletea, que
palpita, que pulsa, y que nunca puedes aprehender. Sientes, a veces,
que es una mariposilla blanca, que vuela por los laberintos de tu
cerebro, tan rápida que ni siquiera es posible perseguirla. Se te
imagina, por momentos, que es un nervioso ojo de manantial que se
abre y se cierra en alguna de tus venas; pero te asomas, y tus venas
están cerradas, indiferentes a tu inquietud. Hay un instante en que
te figuras que es un pequeño y antiguo aparato Morse trabajando en
tus sienes, pero te acercas y, como un grillo, deja de inmediato de
oírse. Sin embargo está ahí, tu mensaje secreto está ahí, bajo
el lacre transparente de las palabras.
¡Y entonces, angustiado por el riesgo de no poder transmitirlo
tranquilo, ya que no te es permitido escribirlo sobre el papel, lo
escribes sobre el cristal!
David
Escobar Galindo 08 de enero de 1990
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