Tú,
amigo, hermano, yo mismo, tienes que aprender a ser real. Puedes
reclamarme: ¿Cómo es eso? ¡Yo soy un ser de carne y hueso, de
sangre y nervios, de sentimientos y ansias, de ideas y creencias!
¡Soy real sin ningún género de duda, estoy vivo en el tiempo y el
espacio, así fugazmente! ¿Cómo se te ocurre decirme que aprenda a
ser real?
Ten
sosiego, te lo digo yo, que dudes que existes; es simplemente
cuestión de que tengas conciencia de ese existir. Pero no una
conciencia basada en datos o sensaciones, sino una conciencia fundada
en la sola gracia de ser, que te sostiene como un pivote invisible.
Porque tienes que presionarte de una verdad: tú eres real sólo en
la medida en que te sabes existente sin necesidad de ninguna prueba
adicional. Como Dios, de quien eres destello a su imagen y semejanza.
David
Escobar Galindo 13 de enero 1990
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