domingo, 27 de marzo de 2016

EL CÍRCULO PERPETUO


Después de un largo día de trabajo, sientes la garganta seca y los ojos cansados. Ha sido una jornada dura, y tienes derecho a una pausa reparadora. Pura higiene necesaria, dirá el hombre práctico. Que el cuerpo se distienda, que la mente repose. Esta bien. Eso es lo que necesitas. Y vas a tu casa, besas a tu mujer, acaricias ligeramente el cabello de tus hijos, comes una cena frugal, ves algunas imágenes o lees algunas líneas, y te acuestas y te duermes. Pero, curiosamente, en el sueño te incorporas, en el sueño te sientes que has estado descansando durante el día, y que es tu hora de hacer un ejercicio entumecedor. Y corres al aire libre, y penetras en una arboleda, y llegas a un estanque natural, y, como desnudo, te lanzas, y nadas.
Luego, cuando ya va amanecer, caminas de regreso y vuelves a tu cuerpo tendido. Y, aunque no has estado quieto ni un segundo, de pronto despiertas, descansado, sereno, como si acabaras realmente de dormir. ¡Y ya estás listo para cansarte de nuevo, en tu rutina prevesible!
David Escobar Galindo 12 de marzo 1990

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