domingo, 6 de marzo de 2016

LA PROMESA DE RENACER


Tienes que hacerte a ti mismo la promesa de renacer. La forma no importa, el tiempo no importa, la dimensión no importa: tu promesa de renacer es necesaria para que puedas vivir hoy; para que el hoy te resulte una inversión segura y perdurable. No es preciso para eso que te afilies a una determinada fe. Ni siquiera es necesario que participe Dios como testigo en este pacto contigo mismo. El, si no lo llamas a la mesa de tu pacto, sonreirá de todos modos, sentado sobre alguna de las rocas azules que delimitan tu memoria. La promesa de renacer es privilegio y esperanza puramente tuyos. La razón más firme y suave de tu afán de vivir está en esa promesa.
Por que si te abandonas a los escasos días que hoy posees, sin dejar una carta de compromiso con la luz guardada en el armario; si dejas que la corriente del acaecer te vaya llevando, sin dibujar en tu cuaderno la ruta de la espuma; si así permites, la sordera interior de irá volviendo un cuerpo hueco, una vasija llena de paisajes borrados, un fugaz ejercicio matinal en el gimnasio de la nada. En cambio, si te prometes a ti mismo renacer, tendrás seguro al menos el fervoroso y nutritivo beneficio de la esperanza.
David Escobar Galindo 08 de noviembre de 1989

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