Pegado
al vidrio de tu ventanilla cerrada, un niño te pide una monena,
mientras el semáforo esta en rojo. Tú te niegas, con un gesto,
diciéndote para tus adentros: “No hay que darles limosna a los
niños que piden en la calle, por que es fomentar la vagancia,
propiciar el vagabundeo, contribuir a que los padres, que deben estar
enscondidos por ahí, utilicen a sus hijos como pedigüeños,
estimular el parasitismo, desestimular la inclinación al trabajo...”
Pero
la carita sucia, de grandes ojos apacibles, y la pupila colorada del
semáforo continua abierta, expetancte mas de lo previsto; y entoces
sientes que si, que tienes razón, que dar esa moneda es una práctica
nociva, que no debe, que no deberías, que tampoco puedes evitarlo,
que ese niño es el país, que el abandono de ese niño es el país,
que el abuso que comenten sus padres con ese niño es el país, ¿que
tu eres el país, y que el país debe empezar al menos por tener
misericordia?
El artículo no es de mi autoría, solo comparto esta lectura. Vos decidís sacarle el mejor provecho. El autor es: David
Escobar Galindo 16/10/1989 Sacado del "Libro Blanco"
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