Hay
tiempo que te pertenece, el único: el tiempo que dedicas a estar
sobre el tiempo; es decir, el tiempo en que gravitas sobre ti mismo,
por que experimentas la fugaz confianza de poseer algo embriagante,
gozoso, infinito: el amor compartido, la conciencia clarividente, la
creación lograda.
¡En
ese momento no te asusta el tiempo, porque estás sobre él, como el
águila sobre el peñasco, y la sensación es de sublime poderío, de
gracia intemporal!
Apresa,
entonces, ese instante, escríbelo, dibújalo o cántalo. Si no
puedes otra cosa, dedícale tu silencio más puro. Por que ese
instante -por prolongado que te parezca- es sólo eso: un instante,
el tiempo que de pronto va a escapar como el águila; y abajo quedará
inmóvil, impasible, el arenal sin caminos.
David
Escobar Galindo 25 de abril 1990
No hay comentarios:
Publicar un comentario