Hay
noches en que permaneces como un entresueño, a la espera de que ella
aparezca, con su temblorosa túnica transparente y el vacilante
candelabro sostenido por sus dedos de marfil. Tienes casi la
convicción de que es una figura inventada por ti, una recreación de
antiguas fantasías, acaso heredadas. ¿Pero qué sabes de la
realidad de lo que vinieron y soñaron tus antepasados? ¿Qué sabes
de los misterios que duermen en las ramas del invisible árbol
genético?
Durante
esas noches, sientes, sin embargo, que tu espera tiene sentido
irenunciable. Que ella te busca, sonámbula como aurora que no
encuentra el camino de su propio milagro, por los corredores y los
pasadizos, por las terrazas y las escaleras. ¡Lo que te atormenta es
comprender que tú(vos) no puedes mover ni un músculo para salir a
su encuentro; y que si ella no da contigo se alejarán de nuevo,
quizás para siempre, en el laberinto de las encarnaciones!
David
Escobar Galindo 29 de enero 1990
No hay comentarios:
Publicar un comentario