lunes, 1 de mayo de 2017

5 DE NOVIEMBRE


La madrugada es oscura y transparente. La aldea duerme con un ojo abierto y el otro cerrado. Un crujir de viento diáfano esta impaciente, aguardando un sonido mayor, que le dé prestancia de lo memorable. En una o dos casas hay encendidas luces temblorosas. Las llamitas batallan con el aire que se cuela por las rendijas, ansiosas de escuchar. Las voces son un murmullo que avanza y retrocede como un oleaje. Las llamitas de los candelabros batallan también con la impaciencia de las respiraciones. Una sombra de rostro nacarado reparte pocillos de infusión aromática.

-¿Qué se hizo Matías? -Pregunta Don Bernardo a Manuel Jose.

-Salió de prisa, como si lo llamaran, padre.

En torno de la mesa grande y pulida, se hace el silencio de los presagios. Un silencio que se rompe de pronto con un estallido de campanas. Don Bernardo dice algo que parece una oración con brillo de lágrimas. Manuel José se incorpora, crecido por la intuición augusta del destino.

David Escobar Galindo 5 de noviembre 1990

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