A la tierra húmeda se le despiertan de nuevo las alas. Es el misterio de la transfiguración, que se repite con el entusiasmo de la primera vez. Los árboles tiemblan de gozo inocente. Los rosales se yerguen, ilusionados de sorpresa. Y las nubes aprovechan el revuelto para irse de vacaciones. Una voz anónima, que es de seguro la del viento, murmura por innúmeras bocas: ¡El príncipe de la luz le ha dado el beso a la bella durmiente de labios de ámbar!
El agua de los manantiales se esconde entre las frondas, asustada por la inmensidad repentina del cielo. En los techos de teja se erizan las oscuras pelusillas. Es el sobresalto maravilloso de la libertad del aire, que se ha escapado de los barrotes cristalinos de la lluvia. Un rostro de muchacha melancólica atisba por una ventana entreabierta. Es la doncella del invierno que se apresta para dormir seis meses, a la espera del príncipe de la luz. Hay una dulce sonrisa en sus labios de turquesa.
David Escobar Galindo 9 de noviembre de 1990
No hay comentarios:
Publicar un comentario