Cada quien, lo sepa o no, se interese por la poesía o no, tiene su poema favorito, en potencia o en actos. Lo pensé un día de estos y me hice la pregunta: ¡Cual es mi poema favorito, el que asalta mi mente, al solo hacerme esa pregunta, que sinceramente, nunca me había formulado! Para mi sorpresa, los versos que emergieron, como extraño minúfares en un estanque fantasmal, fueron aquellos que comienzan: “Nadie mas cortesano ni pulido/ que nuestro rey Felipe, que Dios guarde,/ Siempre de negro hasta los pies vestidos...” ¿Es acaso Manuel Machado, autor de los versos, mi poeta preferido? Por supuesto que no. ¿Es Felipe IV un rey digno de admiración? En ningún sentido. ¿De dónde brotan entonces la predilección? ¿De la atmósfera, de la melancolía, del misterio? ¿De la bruma, del ensueño, de la fatalidad? No lo sé, ni me importa mucho saberlo. La mente tiene sus laberintos, nada mas. El resto es especulación.
David Escobar Galindo 10 de diciembre de 1990
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