Tomó la tierra negra en el hueco de las manos, y me dijo: “esto es el país, la materia jugosa de esfuerzo, el Terrón esponjado de la vida”. El sol se cuela entre las ramas, amarillo y ardiente. La brisa revuelven los hirsutos cabellos de Los sembradores. La gran ceiba nudosa, en un extremo de la red de los surcos, duerme de pie, un fantasma. Depósito la tierra en el hoyo aguardan al arbolito esperanzado y espejeante, y me digo “Esto es el país, las ramitas en la cruz que sollozan rocío, las raíces que besan la tierra prometida”. Y me incorporo, para recibir en las sienes la caricia fraterna de la luz.
David Escobar Galindo 5 de julio de 1991
No hay comentarios:
Publicar un comentario