Los
seres humanos estamos hechos de materias preciosas, pero frágiles.
Si analizamos nuestra naturaleza, hallamos inmediatamente la fluidez
del agua, la porosidad de las sustancias calcáreas, el equilibrio
tembloroso de las frondas silvestres. Un escalofrío recorre nuestra
médula al reconocernos como entidades vulnerables y perecibles. Y,
sin embargo, ese miedo a ser heridos y a perecer es el que nos
mantiene alertas y dispuestos a la defensa. No nos defendemos, en la
realidad, de los ataques externos sino de la precariedad de nuestra
naturaleza.
¡Paradoja
sutil y extraordinaria, que mueve al mundo! Ese es el motor de la
vida, el elixir de la vitalidad, Yo me pregunto a veces: ¿Qué
haríamos si fuéramos dioses, aparte de la complacencia e inexorable
inmortalidad? Pero algo queda suelto en este razonamiento, porque
seguimos soñando con la espeluznante perfección, que no tendría
futuro ni salida.
David
Escobar Galindo 29 de agosto 1990
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