domingo, 21 de mayo de 2017

Felices los felices


La frase no es mía, sino de Borges, que la presenta como el último mandato de una hermosisima secuencia en la que -con una fuerza de evocativa muy respetuosa-el gran argentino reitera el estilo incomparable del Sermón de la Montaña. “Felices los felices” puede sonar un tanto nostálgico, como si el que lo dice estuviera hablando de otros, yo lo quiero percibir así. Quiero entender que la felicidad es el mandato mas positivo que existe sobre la tierra. No concibo que el sabio y buen Dios no haya dado la libertad para el sufrimiento, para las quejas, para el infortunio, o para la frustración. Nos a dado la libertad para buscar el bien, para perseguir la dicha, para encontrar la felicidad. Una felicidad consiente, imaginativa, y realista, desde luego. Tampoco nos ha prometido el paraíso en la tierra aunque si nos permite atisbos del mismo.
Pero aquí tenemos una pregunta inescapable: ¿Qué es la felicidad? ¿Qué es ser feliz? Yo me atrevo a opinar que la felicidad posible esta en la armonía. Y la armonía nos es un valor absoluto: La armonía le compete a cada quien. Hay tantas formas de armonía como cabezas hay sobre la tierra. Y la armonía no excluye sus grados inevitables de dolor, pero tampoco sus buenas dosis de placer. Los que no pueden ser felices, son aquellos que se niegan a la armonía. Los que pretenden el absoluto de las sensaciones. Los que tienen la pérfida obsesión del poder. Los que estan corroídos por la zorra de la envidia. Los que son obsecuentes esclavos de la vanidad. Los desazonados súbditos del egoísmo. Los espantapájaros de la soberbia. Y no pueden ser felices por la sencilla razón en que esas condiciones están negados a la armonía, y por consiguiente a la libertad.
Felices los Felices, porque tienen la libertad para reconocerlo y la armonía para practicarlo.
David Escobar Galindo 3 de agosto de 1993



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