viernes, 12 de mayo de 2017

El árbol humano

Cualquiera diría que los árboles están siempre inmóviles en su sitio, en actitud de estatuas naturales. Nada más alejado de la verdadera realidad. Por las noches muchos árboles se arrodillan, como si necesitara en tocar la tierra con las manos, es decir con las hojas que tiemblan. Otros alzan las ramas, como si quisieran abrazar el infinito, o cuando menos alcanzar con la yema de un cogollo de la gota viva de una estrella. Algunos, cansados de la multitud del bosque, se asoman sobre las oscuras cabelleras de sus vecinos, y aspiran el aire con ansiedad de náufragos. Los árboles no duermen, ni siquiera reposan. El único árbol que se tiende a descansar en el sueño es el árbol humano, El pequeño dios vegetal que ha olvidado su origen.
David Escobar Galindo 15 de julio de 1991

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