Yo trabajo con las palabras, y por eso Las amo como lo que son: materia sagrada. Abro el Diccionario, Como quien abre un libro sacramental, y ahí están las palabras: pequeñas frutas, en impecable ordenación. Amo las palabras porque vivo con ellas y para ellas. Cuando se juntan en gajos armoniosos, son la mejor invitación para que bajen al árbol de la tierra los pájaros celestes. Cuando anochece en maduras de sombra, hacen que el aire se conduela de la desolación de ciertas almas sin sosiego. Yo trabajo con las palabras, y las amo como a la necesaria compañía. Pero hay tres palabras que no son palabras sino cuervos infames, y por eso voy a ahuyentar las para siempre de mi vocabulario personal. ¡Que se vuelvan ceniza en el soplo final que las pronuncie!
Son la palabra odio, la palabra guerra, la palabra muerte.
David Escobar Galindo 12 de febrero de 1992.
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