He descubierto que mi ser me resulta pequeño. Quiero más que la vida. ¿es este un deseo infantil, un ángel lo sobrenatural, una apetencia subconsciente? Quizás es el principio de la desmesura racionalizadora, diría algún crítico desconsiderado. Lo siento: no es nada de eso. Es simplemente el deseo de verme desde afuera; de leer en mis ojos, desde la visión del espejo, los signos del alma; de observarme en la tarea Maribel maravillosa y desolada de vivir. Para eso, Necesito algo más que la vida en este cuerpo y esta alma. Necesito que mi otro yo se libere, y, sacudiendo Los lazos de mi conciencia y mi memoria, inicia ya, aquí, el ejercicio pálido y austero de su eternidad.
David Escobar Galindo 25 de septiembre de 1992
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