A lo largo del tiempo, he leído muchísimas novela. Desde las ingenuas de Lamartine hasta las completas de Thomas Mann. Desde las deliciosas de Xavier de Montespin hasta las inquietantes de William Faulkner. Pero ninguna ha toca las fibras mas hondas de mi sensibilidad y las mas profundas entretelas de mi embeleso como el Conde de Montecristo de ese mulato genial y desbordado que fue Alejandro Dumas padre. La leí, por primera vez a los doce años. Y la he releído luego, completa o por partes, innumerables veces. Es mi historia moral de cabecera. Es el melodrama mas bello del mundo. Yo amo el melodrama, y desde luego no e avergüenza confesarlo. Me enorgullece conmoverme hasta las lagrimas con el premio del los buenos; y, aunque no practico la venganza, no me opongo a que los malvados tengan su castigo. Y, sobre todo, me impresiona que, al final, Edmundo Dantes tengo un supremo gesto de perdón, precisamente frente quien mas daño le hizo. Y ese ya no es el melodrama, si no la vida.
David Escobar Galindo 30 de diciembre de 1990
No hay comentarios:
Publicar un comentario