El
mejor amigo llega, y te dice: - Hace años, en la primera juventud ,
teníamos un vínculo muy estrecho de camaraderías y confianza;
tú(vos) me contabas tus sueños, me referías tus afanes, querías
hacerme partícipe de tus inquietudes. Era la época de las largas
caminatas frente al horizonte abierto. Al avanzar tú(vos) hacia la
madurez, te fuistes volviendo reservado y receloso; ya no confiabas
en mis consejos, y mas bien tratabas de evadirme, como si yo fuera a
decirte verdades desagradables. Nada más lejos de mi intención.
Ahora, cuando tu madurez prosigue nuestra amistad prácticamente se
ha desvanecido. Me acusas de sutiles asechanzas, de trampas
encubierta, de desapegos alevosos. Yo te ofrezco de nuevo mi amistad
franca y abierta...
Tú(vos)
te quedas pensativo. No respondes. Hay un hilito de agridulce
nostalgia que baja por tu garganta. Y también una sensación de
estupor confuso, de resistencia quizás infranqueable. Porque ese
mejor amigo que te habla es el Tiempo.
David
Escobar Galindo 18 de marzo 1990
No hay comentarios:
Publicar un comentario