domingo, 3 de abril de 2016

EL VENDEDOR DE PARAGUAS


El día es resplandeciente, cruje el aire como un sinfín de hojas arremolinadas, la luz derrama grandes tarros de miel sobre los tejados polvorientos. Y es entonces cuando se escucha, entre el gentío, la voz que grita: “¡Paraguas, sombrillas, sombrillas, paraguas!...”. Un joven desgarbado, que lee un libro en una parada de buses levanta los ojo, distraído, y piensa en voz alta: ¿“Por qué venden paraguas si todavía no es invierno?” Y un anciano pequeñito y cetrino, que esta en la fila junto a él le responde en vos baja, como si le diera una explicación de abuelo: “Los paraguas hay que comprarlos antes que vengan las primeras lluvias...”.
El joven hace un gesto de arrogancia adolescente, respira hondo, y levanta la cara hacia el ardiente sol. El anciano parece envolverse más en su saco raído y demasiado grande, como si tiritara, azotado por la invisible llovizna.
David Escobar Galindo 06 de junio 1990

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