Alguien
a quien (vos)tú ni si quiera conoces es tu enemigo. Alguien a quien
acaso conoces apenas puede ser también tu enemigo. Alguien a quién
conoces demasiado también puede ser tu enemigo. Es el enemigo
porque sí, el que se enoja hasta la náusea por el solo hecho que tú
existe, el que sufre de rencor amargo cunado sonríes, el que agrede
como un alacrán ebrio tus pequeños éxitos, tus mínimas
conquistas, el que tiene en los labios la sonrisa mas torcida del
mundo y en los ojos el rayo más oblicuo . Es él, tu enemigo
gratuito, al que no puedes vencer de frente, porque nunca te ataca de
frente; al que no puedes persuadir con razones, porque su odio es el
odio irracional.
¿Qué
hacer entonces con el enemigo gratuito? Cuidarte las espaldas, desde
luego; pero nada más. El enemigo gratuito quiere hacerte caer en la
trampa de su lucha ciega, de su forcejeo sin sentido. Déjalo. Que
se agote. No le des ni siquiera el beneficio de una palabra airada.
David
Escobar Galindo 13 de junio 1990
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